EL PRIMER PASO, RECONOCER QUE YA NO OIGO COMO ANTES

Durante toda nuestra vida, y en especial cuando somos jóvenes, no apreciamos lo importante que es tener una buena salud y con frecuencia abusamos de esa sensación de bienestar que nos aporta la juventud, exponiéndonos a situaciones no demasiado aconsejables o que sin saberlo, pueden con el paso de los años pasarnos factura.

A medida que nos vamos haciendo mayores, y aunque hayamos tenido unos hábitos de vida saludables y nos sintamos tan jóvenes como hace veinte años, el paso del tiempo empieza a dar sus primeros avisos para comunicarnos que entramos en otra etapa vital.

Es en esta etapa, cuando por norma general empezamos a advertir los primeros síntomas, que se pueden manifestar entre otras formas en una mayor dificultad para ver bien de cerca (presbicia), para escuchar con nitidez lo que nos dicen (presbiacusia) o en dolor de huesos y articulaciones (artritis).

Nuestra resistencia a aceptar que nos estamos haciendo mayores, hace que intentemos disimular estos primeros avisos y nos forcemos en aparentar que nada ha cambiado, y que podemos seguir haciendo las mismas cosas tal cual la veníamos haciendo hasta ahora.

Es en este punto de nuestra vida cuando es importante hacer un ejercicio de auto-reflexión ¿admito lo que me pasa o por el contrario sigo intentando disimularlo?

Por norma general y por variados motivos, optamos por la opción de seguir disimulando, ya que al principio es fácil ocultar los síntomas, pero al igual que nos pasaba cuando éramos jóvenes, no nos damos cuenta de las consecuencias que estos síntomas implican y nos engañamos pensando que las personas cercanas a nosotros no se dan cuenta, cuando son los primeros en ser conscientes de lo que está sucediendo, y cada día que pasa… más.

Prolongar esta situación en el tiempo sin tomar las medidas adecuadas, nos provoca internamente sin que lo sepamos, una serie de trastornos que afectan directamente a nuestra capacidad cognitiva (memoria, atención, procesamiento de la información) haciendo que ésta se vaya deteriorando poco a poco.

Además, el esfuerzo por prestar atención y entender lo que nos están diciendo, sobre todo en ambientes con mucho ruido de fondo, provoca una sensación de fatiga mental y física que influye directamente sobre nuestro estado de ánimo y de forma inconsciente, provoca que nos vayamos aislando socialmente porque ya no nos enteramos.

Al contrario de otras afecciones de la edad más complejas como las cardiovasculares, la pérdida de audición motivada por el paso del tiempo tiene un tratamiento por lo general sencillo, rápido y cómodo.

Sin embargo, al igual que lo haríamos si sufrimos una alteración cardiaca, es importante buscar un buen especialista que sepa encontrar el origen de éstos síntomas, el grado de alcance que tienen y el mejor tratamiento que te ayude a solucionarlos, porque si no en vez de solucionar el problema, lo esteremos aumentando.

Ahora la pregunta es… ¿lo reconozco o sigo disimulando?