La hipoacusia o deterioro de la capacidad de audición, es uno de los problemas más comunes que sufren la mayoría de las personas al llegar a una determinada edad.

Normalmente estos problemas para oír con claridad, y sobre todo, para entender bien lo que nos dicen, tiene unos efectos que, aunque parezcan leves al principio, a medio plazo tienen una importante repercusión sobre la salud y el estilo de vida de todas aquellas personas que la sufren.

En una primera fase, la dificultad para entender bien a las personas que nos hablan provoca en nosotros una reacción instintiva de intentar prestar mayor atención, esta situación mantenida en el tiempo provoca una sensación de agotamiento debido al gran esfuerzo necesario para centrar nuestra atención en la persona que nos habla y entender lo que nos dicen.

A medida que pasa el tiempo y el deterioro auditivo va siendo cada vez mayor, es normal que aparte de esforzarnos en escuchar, intentemos también hacer una lectura labial de las palabras.

La suma del esfuerzo auditivo y visual necesarios para seguir una conversación provoca un enorme cansancio, y como consecuencia de ello comienza la fase de aislamiento.

El aislamiento se refleja en una falta total de interés por participar en una conversación, y provoca un cambio paulatino en la conducta, disminuyendo la actividad social y el contacto familiar de la persona que lo sufre.

Debido a ello, muchas personas entran en una dinámica de irritabilidad, frustración e impotencia, que suele desembocar en una falta de autoestima y en procesos depresivos provocados por la sensación de soledad y desconfianza que produce no oír bien.

Recientemente se han publicado extensos estudios científicos que evidencian la estrecha relación entre la pérdida de audición y la velocidad a la que se produce el deterioro cognitivo en las personas mayores, tales como la demencia, el Alzheimer y otras patologías asociadas.

Por todo ello, la hipoacusia o pérdida de audición, no debe entenderse como un mal menor, y debe tratarse de forma rápida y efectiva desde sus primeros síntomas, con el objetivo de detener el avance de los posibles

Efectos que, sobre la salud general, tienen asociados ya sean a nivel físico, anímico y/o cognitivo.